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La solución no es deshacer el nudo sino cortarlo

Si descartamos como inversiones las operaciones de especulación, tenemos fundamentalmente dos tipos de inversores: los que invierten en proyectos y empresas consolidadas y los que lo hacen en proyectos emprendedores.

El primer tipo de inversores analiza de forma racional la oportunidad de inversión y para ello estudia la historia del proyecto, mira fundamentalmente al pasado como fuente de información para minimizar el riesgo. El segundo tipo se basa fundamentalmente en la intuición sobre la idea que sustenta el proyecto y la capacidad del equipo que lo lidera. Esta es una inversión que se basa en expectativas de futuro porque los proyectos en esta fase no tienen pasado. Este tipo de inversión se conoce como inversión de capital riesgo. Los inversores en esta fase (Business Angels o fondos de Venture Capital) para minimizar el riesgo, en la medida de lo posible, invierten cuando el proyecto se ha constituido como empresa y ya tiene los primeros clientes.

Sin embargo, cuando el proyecto está todavía en sus inicios ya sea en la fase de idea o de modelo de negocio, ni tan siquiera los inversores de capital riesgo suelen entrar porque para ellos la incertidumbre es excesivamente grande y el riesgo demasiado alto.

La pregunta entonces es: ¿Quién invierte en el periodo que va desde la idea hasta la constitución de la empresa? La respuesta es que en la mayoría de los casos son los propios emprendedores quienes a partir de sus ahorros y dedicación, impulsan el proyecto emprendedor en un proceso que se conoce como Bootstrapping.

El siguiente perfil de los inversores, que se puede solapar con el anterior, son los conocidos FFF, es decir, el que forman los familiares, los amigos y los que se entusiasman por el proyecto. Gestionar este proceso de inversión no es fácil ya que la empresa todavía no está creada y no hay un registro documental de la participación que tiene cada inversor, como ocurre cuando la empresa está legalmente constituida. Adicionalmente este proceso no contempla las aportaciones de “inversores” en esfuerzo y dedicación.  

En Ekiter pensamos que este nudo gordiano que dificulta el impulso de proyectos emprendedores en fase inicial donde los patrocinadores aporten dinero y los colaboradores (mentores, diseñadores, desarrolladores, …) esfuerzo, es una barrera que limita el crecimiento personal y social y tal como hizo Alejandro Magno, la solución no es deshacer el nudo sino cortarlo.

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