¿Nuestra idea resuelve algún problema?

Podemos asegurar que cualquier proyecto es fruto de una idea. Y es muy probable que estés trabajando en una que creas que es verdaderamente buena. Esta afirmación no es extraña, ya que tendemos a pensar que nuestras ideas son las mejores. Nos enamoramos de ellas y dejamos de pensar en quien nos la deberá comprar. Nuestro objetivo es intentar que éstas líneas  sirvan para reflexionar sobre si nuestra idea resuelve algún problema de nuestros futuros clientes.

Para ello no entraremos en algo complejo como puede ser el plan de negocio. Vamos a trabajar con conceptos sencillos que debemos plantearnos cuando pensamos en emprender. Éste es un momento un tanto caótico en el que nos agobian muchas cosas y a menudo nos hacen olvidar la más importante, el cliente. Al final será él quien nos dará o no su confianza y seguidamente los ingresos.

Lo primero que debemos hacer para saber si la idea es verdaderamente buena es valorar si soluciona algún problema que necesite ser resuelto. Si no es así, te recomendamos que sigas buscando. Piensa que en un entorno económico como el actual, hacer más de lo mismo no resulta casi nunca rentable.

Una vez la tengas clara, no debes preocuparte de si su desarrollo actual es perfecto o todavía no. Las ideas perfectas no existen, lo que realmente existe son problemas que pueden ser resueltos. Si estás en el camino, serán los clientes los que te lo irán diciendo. No olvides que “la perfección es el peor enemigo de lo bueno” y que cuando se empieza, nuestro mejor consejero es nuestro posible cliente. Pregunta, pregunta y vuelve a preguntar hasta la extenuación, muy a menudo la mejor orientación nos la da la calle.

Si, por el contrario, todavía no has encontrado la idea con la que te sientes a gusto y necesitas inspiración, empieza por ti mismo. Pregúntate que te gustaría encontrar en el mercado y todavía no existe. Empieza por éstas dos preguntas sencillas:

  • ¿Qué es lo que te me haría la vida más fácil?
  • ¿Qué estarías dispuesto a pagar por ello?

Empezar por uno mismo puede ser el camino más rápido para encontrar algo interesante. Todos tenemos necesidades insatisfechas que están próximas a nuestras habilidades y capacidades. En este momento no se trata de pensar en hacerse millonario. Si es bueno y aciertas, todo irá viniendo puesto que habrás hecho la vida más sencilla a los demás y esto acostumbra a tener premio.

El objetivo final de una nueva empresa de éxito lejos de estar escondido detrás de acciones muy complicadas, alta tecnología o grandes inversiones, puedes encontrarlo proponiendo una mejor solución para una cosa por sencilla que ésta sea. El cliente siempre debe estar en la primera fila de los intereses de tu empresa. Recuerda que las necesidades de tu cliente, son y serán siempre tu mejor inversor.

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Tags: Emprendimiento

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